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Palabras del padre General al padre Alonso Álvarez Turiel

Palabras del Padre general al P. Alonso Álvarez Turiel

Querido P. Alonso, a través del P. Carlos,
quien me tiene informado durante estos días de
su estado de salud, quiero hacerle llegar mis
sentimientos de cariño. Ante la Virgen del Castañar
le hemos tenido todos muy presente.
Seguiré recordándole en la oración.

Un abrazo muy fuerte.

P. Valentín Arteaga, C.R.,
Prepósito General

Requiem del Padre general por el P. Cayetano Rossell i Clivillers

Requiem por el P. Cayetano Rossell i Clivillers

Era noble como un árbol frondoso, y derramaba a su alrededor una sombra de densa cordialidad. De manera inesperada, y providencialmente en torno a la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, se nos ha ido un teatino fuera de serie. Se ha dicho que los teatinos, todos, mueren de pie. Como los árboles. “Talis vita, mors ita”. Nuestro admirado P. Cayetano, con una vida repleta de frutos sazonados – “árbol plantado en las acequias de Dios”- y como quien sabe que va a encontrarse con la sonrisa acogedora del buen Dios, se nos ha ido. Súbitamente, como él quería. Habrá, sin duda, irrumpido en el refectorio del cielo con su personalidad excesiva, su aire de fiesta irreprimible y sus palabras catalanas en vuelo. Como es de rigor y procede en ocasiones solemnes. El P. Cayetano – “un teatino de hueso colorado”, en expresión mexicana tan querida por el – ha dicho adiós a la vida en plena faena. Siempre estuvo al pie del cañón. Su larga y fecunda existencia estuvo caracterizada por la vehemencia, la intensidad y la esperanza contra cualquier desafío. Nunca consintió que nada ni nadie derribara de su mesa los candelabros para esconderlos debajo del celemín. Se le salía la luz por los poros del alma. Fue, en verdad, una “hoguera feliz”. Constantemente en llamas. Crepitante siempre. Como la zarza de Moisés. Aproximarse, pues, a su persona exigía, primero, descalzarse de todos los hábitos propios, los planteamientos propios, las perspectivas propias. El P. Cayetano tenía la virtud de saber poner la luna detrás de los espejos. O, en el almanaque de la historia, apresurar fechas o dar por acontecidos los sueños.

Fue un apasionado excepcional de la Orden Teatina. De su Tradición, de sus Santos, de sus efemérides más brillantes. Además, o por encima de lo demás, fu un ser humano desmedido. Se mostró toda la vida un cristiano, un religioso y un sacerdote inquebrantable. Historiador, jurista, liturgo, teólogo, pastor, publicista y activista de todas las imaginaciones e ideales más imposibles, se mantuvo sin desvíos, fielmente, “al otro lado de la raya” frente a los cielos nuevos y la tierras nuevas que nosotros esperamos, y el llevaba ya dentro.

¡Que en paz descanse! Era como todos los niños de la guerra española, un “forajido espiritual”. Le causaba una inevitable extrañeza el “ahora y aquí”. Vivía “adelantado”. Desconcertantemente inconformista. Pero qué buena persona, qué gran hijo del mundo, qué extraordinario hermano de todas las razas, y, como los huérfanos del ’36, qué ser tan “a trasmano”. A Dios gracias. Él le premie su pasión y su entrega, su personalidad y su teatinismo exultante.

Maestro, amigo, compañero… todos los teatinos te pedimos que le digas al Señor que tenemos voluntad de mejorar cuanto nos sea posible las cosas. En la reunión del Consejo General Pleno de la Orden en Béjar (Salamanca) del 13 al 18 de agosto, te hemos recordado mucho, aleluya. Y cada uno de los componentes ha hablado de ti con admiración y cariño. Si el presente número de Notitiae pro Theatinis fuera la lápida de tu tumba escribiríamos en ella:

Tus lectores de “Teatinidad en Marcha” no te olvidan.

P. Valentín Arteaga, C.R., Prepósito General