Genialidad de la nueva Orden.– Oposición de la Curia romana al establecimiento de la Compañía, Lorenzo Pucci y Juan Mateo Giberti.– Aprobación pontificia

Cayetano quiso someter a la deliberación de sus compañeros las líneas generales de su obra:

  •   No se trataba de fundar una orden de monjes o frailes, sino una Compañía de Clérigos que viviesen en comunidad bajo la regla de los tres votos.
  • El Concilio IV de Letrán estimando que ya eran bastantes las Órdenes ya existentes, había prohibido el establecimiento de otras.
  • Pero, la mente de San Cayetano no se inspiraba precisamente en la prohibición lateranense, sino en su convicción, bien madurada, de la intrínseca eficacia del organismo en proyecto para reforma del clero «porque es este el medio más conveniente –añade Carafa– para el mantenimiento de la vida Clerical».
  • Los nuevos clérigos religiosos no vivirán en monasterios al estilo de los mojes ni en conventos, como los frailes.
  • Se daría a sus edificios el simple nombre de casas.
  • Se resucitaba el apelativo honorifico «Don», aplicado al sacerdote, descartándose el término «fray».
  • Como en los antiguos presbiterios, al frente de la comunidad debía figurar un Prepósito, en vez de un «prior» o «guardián».
  • En su condición de simples clérigos, los miembros de la Compañía no tenían hábito peculiar, se acomodarían al uso de los sacerdotes honestos de la región donde viviesen:
  • Vestirían sotana talar, con manteleta sobre puesta, así mismo hasta los talones, una y otra de color negro, contra la anarquía imperante en la forma y el color de los hábitos sacerdotales en la época del Renacimiento.
  • El primer secretario de Juan Mateo Giberti, datario de Clemente VII, Juan Bautista Sanga, escribirá: «el vestir de cura» era obligación especifica de los nuevos religiosos.
  • La Compañía no poseería rentas fijas, se prohibía la obtención de beneficios eclesiásticos, y se vedaba la mendicación.
  • Los miembros del nuevo instituto vivirían a fuer de clérigos, del altar y del evangelio, pero contentándose con las limosnas espontáneamente ofrecidas por la caridad de los fieles.
  • El fin era el apostolado en la vida sacerdotal, y el medio, la practica atildada de las virtudes apostólicas, el celo, la caridad, entre otras cosas, y específicamente la pobreza en el sentido evangélico para contrarrestar los efectos de la codicia reinante.
  • No se quería en conclusión, una sociedad de penitentes, ni de almas simplemente orantes.
  • Se aspiraba a organizar un escuadrón disciplinado de verdaderos apóstoles para la extensión del Reino de Dios, a la formación de sabios pastores y santificadores de las almas, que destacaran en:
    • La predicación de la divina Palabra;
    • La administración de los sacramentos de la penitencia y de la comunión;
    • La visita a enfermos;
    • La asistencia a moribundos.
  • La liturgia, oración de la Iglesia, y en consecuencia, oficio sacerdotal, se estimaba consustancial al espíritu del nuevo Instituto, tanto como medio eficaz de auto santificación, como de apostolado entre los fieles.
  • El contraste con la incultura, y con la ignorancia supina de amplios sectores eclesiásticos, los clérigos de la Compañía se aplicarían ardorosamente al cultivo de las disciplinas específicamente eclesiásticas:
    • La teología y
    • el Derecho Canónico.
  • Atendidas las condiciones poco recomendables del Episcopado en Italia, y los resabios conciliaristas de determinado sector de partidarios de la Reforma, que pretendía actuar al margen de la autoridad y de las directrices de la Sede Apostólica, la Compañía –aunque de clérigos– aspiraba a depender inmediatamente del Papa.

A la cabeza de la oposición estaba el Cardenal Lorenzo Pucci, o “Cardenal Santos Cuatro”, como se le llamaba.

  • Lorenzo Pucci, creado cardenal por León X, en su primer consistorio, de 27 de septiembre de 1513, no solo procedía de una familia en alto grado benemérita de los Medici, sino ya en tiempo de Julio II había dado pruebas de su habilidad y buenas dotes.
  • Profesor de Derecho en Pisa y poseía conocimiento fundamentales de Derecho Canónico y Teología.
  • Por desgracia –escribe Pastor– oscurecía estas eminentes cualidades con una vergonzosa codicia de dinero, que procuraba saciar principalmente explotando sin conciencia las indulgencias;
  • El Cardenal Pucci fue poseedor de cuatro obispados: Rapolla, Melfi, Capaccio, Venaissin (Francia).
  • El trafico de la indulgencias se debió, en parte no pequeña, a la codicia de Pucci.
  • León X, siempre necesitado de dinero, no hacía caso de las voces amigas, que se quejaban de los abusos.
  • Julio de Medici, el mismo día en que fue elegido Papa y tomó el nombre de Clemente VII, nombró datario a Giberti y le coloco al frente de su Secretaria Particular.
  • Tres años de su muerte lo confesaba a un amigo: «Por más que fuese Clemente VII mi señor, mi dueño y mi padre, y yo tuviese en su Corte la dignidad que tenia, la noche que asumió el supremo Pontificado, no sentí ninguna emoción ni experimente alegría alguna».
  • «Si de algo podría alegrarme era de imaginar que tal vez podría llegar la ocasión de desentenderme de la Corte y restituirme a mí suspirada quietud y manera de vivir».
  • A principios de agosto el Papa le confería el rico obispado de Verona, vacante por defunción del cardenal Marcos Corner, ocurrido el 24 de junio.
  • Clemente VII, en octubre, le mando como embajador a Francisco I que había invadido Italia al frente de un gran ejercito, y proponía llevar a cabo la reconquista de Milán.

Pese a la enemistad de Pucci el 24 de junio de 1524, el Papa expedía el breve de aprobación del Instituto:

  • La fe de los fundadores en la promesa evangélica, y su confianza a toda prueba en la Providencia de Dios, habían al fin triunfado de los enemigos de su obra.

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