El número y la calidad entre los Clérigos Regulares.– Criterio seleccionista de los partidarios de la reforma.– El caso Marco Antonio Flaminio.– Carta de Cayetano al senador de la Republica, Francisco Capello

  • La exquisita selección que hicieron los fundadores de los numerosos candidatos que acudían a diario en demanda de admisión en la Orden recién fundada.
  • El día 12 de febrero de 1539, los Padres reunidos en Capítulo. Escribía el Padre Scotti:

«huir estas cuatro cosas:

  • la relajación de la disciplina,
  • la multitud de los profesos,
  • el trato y cuidado de mujeres,
  • y la segura posesión y abundancia de riquezas.

Contentémonos con ser pocos, no sea que, al aumentar el número, disminuyamos la realidad, es decir, que la multitud nos traiga la relajación».

  • Una orden religiosa, cuyo objeto fundacional era la reforma de la Iglesia, debía estar integrada por una clase de sujetos que la encarnasen en su vida y la predicasen con su ejemplo.
    • A los 15 días de fundada la Congregación teatina, escribía desde Roma a sus amigos de Venecia el presbítero español Jerónimo de Solana: «Muchos quisieran entrar en ella, y algunos vienen con grandísimo fervor, mas luego no perseveran».
    • El día 16 de mayo de 1533 escribía el Padre Carafa a Don Egidio, canónigo regular, a propósito de un candidato presentado por aquél y rehusado por el Instituto como inadaptable a los fines de la Congregación.
  • La escrupulosa selección que de los candidatos a su Orden hizo el santo Fundador de la Regular Clericatura debía quedar de manifiesto en la historia del Instituto, como provechosa enseñanza y ejemplo aleccionador, en un suceso importante.
  • La Orden tuvo un férvido admirador, el poeta, Marco Antonio Flaminio.
    • Cándido y exquisito poeta, “astro mayor de los líricos latinos del quinientos”.
    • A los 16 años (en 1514) fue acogido como joven prodigio en la corte poética de León X.
    • De su actividad literaria son fruto la paráfrasis latina del XII libro de la Metafísica de Aristóteles y el Comentario del Salterio.
    • Consta documentalmente que en 1524, a raíz de la fundación de la Congregación teatina, Flaminio formaba parte del oratorio del Amor Divino de Roma, y que entre los once candidatos a la nueva modalidad conventual, presentes en la Ciudad Eterna, figuraba el nombre del poeta.
    • Flaminio adquirió el carácter de noble seriedad, los profundos sentimientos de piedad cristiana y su vivo anhelo de reforma, que hacen tan simpática su figura, verdadero tipo de asceta en medio de la corrupción del mundo renacentista.
    • En el año de 1528, Flaminio estableció de nuevo contacto con los Clérigos Regulares; otros contactos debieron de tener lugar en el Oratorio del Amor Divino, que desde 1530, tuvo precisamente en el Véneto sus centros más importantes.
    • Las relaciones de Flaminio con los Clérigos Regulares hicieron renacer en su alma el atractivo del ideal acariciado por unos hombres que habían hecho de la reforma de los sectores eclesiásticos el objeto primordial de la nueva fundación religiosa.
    • Fue precisamente a comienzos del año de 1533, durante la tercera prepositura del Padre Carafa, cuando el poeta solicitó su admisión en San Nicolás de Venecia.
    • El día 4 de febrero de 1533, Francisco Capello escribió una carta de recomendación, precisamente a Cayetano, en la que expone al Siervo de Dios los deseos de Flaminio.
      • Cayetano sometió la carta a la consideración del Padre Carafa y de toda la comunidad, y el día 17 del mismo mes se mando la contestación al propio Francisco Capello. La contestación dice los siguiente:

      «Es indispenable habitar unius moris in domo y seguir la vida común en aquello que no perjudica la salud del cuerpo o del alma».

      «Los que viven en comunidad no han sido llamados todos a la misma hora del día, sino conforme a la elección del buen Padre de familia… De aquí que en una misma Compañía se hallen personas de diversa edad, de diversa salud, de diversa complexión, y de virtud también diversa».

      «Por consiguiente, si nuestro Micer Marco Antonio abriga la voluntad de abrazar nuestro Instituto, hace falta se persuada de que el tiempo que Dios sea servido tenerlo en nuestra Compañía, debe libre y absolutamente echarse a los pies de Cristo y confiarse a nuestro cuidado, renunciando a su libertad, a todo arbitrio de sí mismo y a la facultad de disponer, como propietario, de cosa alguna, como hemos renunciado a estas cosas los que vivimos congregados bajo el yugo de Jesucristo».

      «Si ello le parece duro, es manifiesto que no cree que Dios está entre nosotros, ni que es Él quien nos gobierna; y si esto no cree, no tiene por qué desear vivir en nuestra Compañía, ya que, si se nos quita la protección y el consuelo de la divina Bondad y la esperanza de servir a su Majestad Divina, a favor de su santa gracia, todo lo que queda es repulsivo y verdaderamente odioso, en el lenguaje del mundo».

      «Si persiste en querer venir, no ha de pensar en otra cosa que en tener mortificados el propio juicio y voluntad, de forma que entre él y nosotros nos exista más diferencia sino que nosotros perpetuamente vivimos calvado en la cruz y él es libre de marcharse cuando a él le plazca o a nosotros».

    • Flaminio no tuvo fuerzas para renunciar a todas las cosas, y optó por quedarse en el siglo:
      • Pero no se entibiaron las amigables relaciones con los Clérigos Regulares y en especial con el Padre Carafa.
  • A principios del año de 1549 el poeta fue atacado de una grave enfermedad que lo condujo al borde del sepulcro, y quien lo visitó fue el Padre Carafa, dándole consejos.
  • La muerte del insigne poeta, rodeada de claros indicios de la más sincera piedad, ocurrió el 17 de febrero de 1550 en el palacio del cardenal Pole.

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