El hambre y la peste en Venecia.– Heroísmo de Cayetano y de los Clérigos Regulares.– San Jerónimo Emiliani y su “Compañía de Siervos de los Pobres”.– El santo patrono de los huérfanos y de la juventud abandonada, hijo espiritual de los fundadores teatinos

  • El contexto histórico: Guerras sin interrupción, hambres, pestes, inundaciones se abatían sobre Italia, desde fines del siglo XV.
  • La hermosa ciudad de Venecia se vio inundada de personas de ambos sexos y de todas las edades, con la imagen de la muerte dibujada en su semblante, implorando la caridad pública, hacinadas sobre el puente Rialto, en las plazas de la capital, y a las puertas de las iglesias.
  • Cayetano y sus religiosos, con magnánima generosidad, se aprestaron desde el primer momento a colaborar con el poder público a remediar, en lo posible, aquella situación angustiosa.
  • Las limosnas se multiplicaron de manera prodigiosa, y quienes voluntariamente carecían de humanos recursos y vivían sin más arrimo que la Divina Providencia, pasaban las horas del día socorriendo a las turbas famélicas que, en filas interminables, afluían, sin parar un instante, a la Casa de San Nicolás.
  • Durante casi tres años la epidemia hizo estragos en la populosa ciudad, sembrado el terror y la muerte entre los pobres habitantes que, sorprendidos por el contagio, o desposeídos de medios, no habían podido abandonarla, como otros habían hecho, a los primeros síntomas de la catástrofe.
  • La violencia del contagio paralizaba, día tras día, la vida comercial y todas las manifestaciones de la actividad ciudadana.
  • El heroísmo de Cayetano y de sus Clérigos Regulares, generosamente prodigaron todos los servicios corporales y espirituales. Hacían las veces de párrocos, administrando a los moribundos los auxilios de la Religión, sin consentir que uno solo muriese sin los sacramentos. Curaban a los pacientes, aderezaban las camas, limpiaban los vasos inmundos y, como nuevos Tobías, daban sepultura a los muertos. Pero, sobre todo los oficios, hacían las veces de padres de los infelices apestados, vertiendo en las llagas de su alma el dulce bálsamo del consuelo.
  • La Orden de Clérigos Regulares heredó la caridad y el heroico desprendimiento que le llevó a sacrificar, en las públicas calamidades, la vida de sus mejores hijos.
  • Habían contado los teatinos con un auxiliar eficaz en la persona de un caballero de la primera nobleza, llamado Jerónimo Miani o Emiliani, que, después de abandonar la carrera de las armas, se había consagrado a los ejercicios de devoción y a las obras de caridad:
    • Jerónimo Emiliani había nacido en Venecia en 1486, de ilustre familia patricia, siendo sus padres Ángel Miani o Emiliani y Eleonor Morosini.
    • Se había alistado desde su juventud en el ejercito.
    • Fue librado de la prisión el 27 de septiembre de 1511.
    • A la muerte de su hermano Lucas, en 1519, se encargó de la tutela de sus cuatro sobrinos.
    • Sobrevino la muerte también impensada de su tercer hermano, Marcos, que le confiara, próximo a expirar, el cuidado de sus pequeñuelos, y exhortara a éstos a ver en él, más que a su tío, al propio padre.
    • Le llevó a relacionarse con los Clérigos Regulares, trabó amistad con varios sujetos de la Orden, singularmente con Cayetano, y con el Padre Carafa, al cual confió desde luego la dirección de su conciencia.
    • Jerónimo Emiliani, que lleno de amor de Dios y de afecto entrañable a los niños abandonados, había recogido a gran número de ellos, les sustentaba por su cuenta, les instruía en las primeras letras, y pagaba a menestrales que les enseñasen a trabajar.
    • Uno de los graves problemas planteados por los azotes de las guerras incesantes y las epidemias devastadoras que había sufrido el país era proveer a la suerte de un sinnúmero de niños privados del auxilio paterno.
    • El Hospital de Incurables, el día 4 de abril de 1531, determinaba ofrecer «al magnífico micer Jerónimo Miani que se sirva habitar en el Hospital y encargarse, con su reconocida caridad, de los niños y de los enfermos».
    • Emiliani aceptó, cerró sus casas de San Basilio y de San Roque, y se trasladó a los Incurables con todos su huerfanitos.
    • Giberti, teatino cien por ciento, confió a Jerónimo Miani la dirección del orfelinato, anejo desde 1523, al hospital de la Misericordia.
    • Jerónimo redactó las bases para el funcionamiento de la obra, le señalo un reglamento, confió la dirección a algunos de sus compañeros.
    • Giberti prestó su ayuda a las actividades de Miani en favor de las arrepentidas.
    • Jerónimo Miani con Cayetano y Carafa: Incluso hasta en la Corte de Milán se sabía hasta qué punto el Fundador de la Orden somasca actuaba bajo la dirección de los Clérigos Regulares.
    • En Milán, Miani llevó a cobo la erección de una casa para huérfanos otra igualmente para huérfanas, y un asilo para arrepentidas.
    • Jerónimo marchó en seguida a Pavía, donde fundó otro orfelinato, y de aquí pasó a Somasca, donde estableció la casa central de su Compañía de Siervos de los Pobres.
  • Las cartas del Padre Carafa insinúan el deseo, acariciado por alguno de los miembros del Instituto somasco, de unir su obra naciente a la Congregación teatina:
    • Ésta consideraba a Jerónimo y a su Compañía de Siervos de los Pobres con la estima y el interés que evidencian estas palabras de Bonifacio de Colle, Prepósito de los teatinos de Venecia, a Esteban Bertacciolo, de Saló, en carta de 31 de enero de 1536:

«Esperamos que Micer Jerónimo, con la gracia del Señor, habrá conseguido algo en beneficio de la paz. Entre tanto no cesaremos de rogar por aquella Compañía. Vosotros en vuestras oraciones dignaos también hacer memoria de estos pobres hermanos vuestros».

  • El 7 de febrero de 1537 se extinguía dulcemente la vida de Jerónimo Miani, a través de la Congregación de Clérigos Regulares Somascos, herederos del espíritu y continuadores de la obra de su glorioso Fundador.
  • Día 8 de noviembre de 1546: decretará Paulo III la incorporación de los somascos a la Congregación teatina:
    • El 23 de noviembre de 1555, el Papa teatino Paulo IV reintegrará a la Compañía de San Jerónimo Miani a su antigua personalidad, decretando su separación de la Orden de San Cayetano.

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