Noviciado

Los novicios y el Noviciado según nuestras Constituciones

Las Constituciones de la Orden de los Clérigos Regulares, revisadas, corregidas y aprobadas por el Capítulo General de 1991, y confirmadas por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica con Decreto del 8 de julio de 1994, en sus números_106, 107, 111 y 112 habla de los novicios y del Noviciado en los siguientes términos:

  • De acuerdo con una muy antigua tradición de la Orden, ningún candidato es admitido al noviciado ni a la profesión, sin antes someterle a larga prueba, ejercitándole y experimentándole durante mucho tiempo.

    Por tanto, transcurrido el tiempo del Postulantado, el candidato, si es juzgado idóneo, previa solicitud firmada y unos días de ejercicios espirituales, podrá ser admitido al Noviciado por el Prepósito Provincial, oído su Consejo y observadas las normas que el derecho prescribe para este caso.

  • El Noviciado, con el que comienza la vida en nuestra Congregación, tiene como finalidad:
    • que los novicios conozcan mejor la vocación divina,
    • particularmente la propia de nuestro Instituto,
    • que prueben nuestro modo de vida,
    • que conformen su mente y corazón con su espíritu
    • y que puedan ser comprobadas su intención e idoneidad.
  • El Maestro de novicios enseñará con diligencia y solicitud a los novicios, que le han sido confiados:
    • a amar de corazón a Dios,
    • a despreciar los halagos y placeres de este mundo,
    • a practicar siempre y en todo lugar la humildad y la pobreza,
    • a obedecer pronta y alegremente,
    • a esforzarse en llevar siempre una vida pura y sin mancha,
    • a examinar cada día su conciencia,
    • a confrontar cada semana los resultados de vida religiosa con las exigencias del Evangelio,
    • y a confesar con frecuencia sus pecados.
  • Les exhortará también:
    • a manifestar espontáneamente y lo más pronto posible a su Maestro las
      tentaciones e incluso cada uno de sus pensamientos,
    • a no perder el tiempo en cosas inútiles,
    • a huir de las vanidades del mundo,
    • a guardar silencio en los lugares y horas oportunos,
    • a ser fervorosos y asiduos en la oración,
    • a deleitarse, sobre todo, en las cosas divinas
    • y a defender con gran diligencia las demás instituciones de nuestra familia religiosa.

    Para lograr este fin, los novicios deben ser bien instruidos en lo que atañe a la espiritualidad, índole, historia y vida de nuestra Congregación.


Otros temas concernientes a los novicios según nuestras Constituciones

Las mismas Constituciones, en sus números 113 a 122 habla de otros temas concernientes a los novicios de la siguiente manera:

  • Los novicios, conscientes de su propia responsabilidad, han de colaborar activamente con el Maestro [de novicios], de manera que respondan fielmente a la gracia de la vocación divina.

    Los demás religiosos de la Casa han de colaborar, por su parte, en la formación de los novicios, con el ejemplo de su vida y la oración.

  • El tiempo del noviciado debe emplearse propiamente en la tarea de formación.

    Los novicios, pues, antes de la profesión, no deben ocuparse de estudios o trabajos que no contribuyan directamente a esta formación, sino entregarse al Culto divino, a las ceremonias eclesiásticas, a la negación de sí mismos y a la lectura de libros devotos y acomodados a la piedad.

    Después de ocuparse en las cosas del espíritu, se ocuparán también, si es
    necesario, en el estudio diligente de las humanidades.

  • Para que el Noviciado sea válido, debe realizarse, como ordena el derecho, en una Casa destinada a esta finalidad y durar un año entero, quedando a salvo, en uno y otro caso, las facultades que el derecho otorga a los Superiores Mayores.

    El Prepósito Provincial, oído al Maestro de novicios, puede prorrogar este tiempo, pero no por más de seis meses.

  • La ausencia por más de tres meses, continuos o con interrupciones, de la casa del Noviciado, hace que éste sea inválido. La ausencia que supere quince días debe suplirse.
  • Los novicios no deben ser promovidos a ninguna Orden y, en el caso de estar ya ordenados, no podrán dedicarse a los ministerios pastorales.

    Si, en razón de la necesidad del lugar o por otro motivo, fuera preciso hacerlo alguna vez, deberá obtenerse primero el permiso del Prepósito Provincial.

  • Durante el tiempo del Noviciado y, en concreto, cada tres meses por lo menos, el Maestro presentará al Prepósito Provincial y a su Consejo una relación sobre la conducta de cada novicio.

    El que sea considerado inhábil para el desempeño de las funciones eclesiásticas o que pueda convertirse en una carga para la Orden, no debe ser admitido de ninguna manera a la profesión.

  • Acercándose el tiempo de la profesión y observados todos los demás requisitos canónicos, cada novicio, con la aprobación del Maestro, enviará una petición, firmada de su propia mano, al Prepósito Provincial solicitando ser admitido a la emisión de los votos.

    Compete al Prepósito Provincial, con el consentimiento de su Consejo Pleno, admitir a la profesión temporal, que, para su validez, debe contar con la licencia del Prepósito General.

  • Terminado este tiempo de probación, los novicios, animados por el espíritu del Evangelio y observada la Constitución n. 20, harán unos días de ejercicios espirituales. Luego, con el rito y la fórmula que nos legaron nuestros Antepasados, emitirán, en manos del Prepósito General o Provincial o de su legítimo Delegado, ordinariamente por un trienio, los tres votos sustanciales de la vida religiosa, a saber los votos de pobreza, castidad y obediencia.
  • Los novicios pueden, sin embargo, abandonar la Orden y el Superior Mayor competente puede, también, despedirles.

    Si queda alguna duda sobre su idoneidad, el Superior mayor competente puede prorrogar el tiempo del Noviciado, pero no por más de seis meses.


Los Novicios de nuestra Provincia de México, en el 2004-2005, fueron trasladados a la Ciudad de Cali a realizar su Noviciado interprovincial bajo la dirección del reverendo padre Pedro José Pascual Nadal, Clérigo Regular. Para conocer su experiencia puedes leer el siguiente
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