Significado del Escapulario Azul

Significado del Escapulario Azul

El escapulario azul de la Inmaculada Concepción, bendecido por cualquier ministro sagrado, se porta como signo de profunda devoción y filial dedicación a la Madre de Dios, «la toda santa e inmune de cualquier mancha de pecado» que, ya «desde el primer instante de su concepción, fue enriquecida con esplendores de una santidad del todo singular».

O, como escribe Juan Pablo II,

dos son las verdades que evoca el signo del escapulario. La primera, la continua protección de la Santísima Virgen no sólo a lo largo del camino de la vida, sino también en el momento de nuestro paso a la plenitud de la gloria eterna. La segunda, saber que la devoción a la Santísima Virgen no puede limitarse a unas oraciones y obsequios hechos en su honor en determinadas ocasiones, sino que debe constituir un "hábito", es decir un pliegue permanente en nuestra conducta cristiana, hecho de oración y vida interior, mediante la práctica de los sacramentos y el ejercicio concreto de las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales. De esta manera, el escapulario se convierte en signo de "alianza" y comunión recíproca entre María y los fieles. El escapulario, en efecto, traduce de manera concreta la entrega que Jesús crucificado hizo a Juan —y, en él, a todos nosotros— de su Madre santísima y la encomienda del Apóstol predilecto —y de nosotros— a María, convertida ahora en nuestra Madre espiritual.

En 1648, Ana Battinelli, la secretaria de la venerable Madre Úrsula Benincasa, que entonces contaba 84 años de edad, no duda en afirmar que

muchas damas y caballeros, habiéndose procurado el escapulario azul turquesa con la imagen de la Concepción, lo habían hecho bendecir sobre el altar y, portándolo devotamente, habían obtenido la curación de larguísimas enfermedades y el verse librados de muchos peligros.

En 1750, san Alfonso María de Ligorio, en su obra Las glorias de María,
afirma que

así como los grandes del mundo se honran con que otros lleven sus libreas, así también María Santísima se complace en que sus devotos lleven su escapulario, en prenda de estar consagrados a su servicio y de que pertenecen al número de la familia de la divina Madre.

Y añade:

Por lo que a mí hace, he procurado hacerme de todos estos escapularios.

El Arzobispo teatino de Otranto, venerable Vicente María Morelli, nacido en Lecce el 25 de abril de 1741, murió en 1812 besando, una y mil veces, el escapulario azul de la Inmaculada mientras, refiriéndose a la imagen de María que lo decora, añadía:

¡Mal andamos, si Ella no se pone de nuestra parte!

Santo Domingo Savio (1842-1857), cuyos 15 años de vida transcurren en el siglo XIX,fundaba oficialmente, el 8 de junio de 1856, una Compañía de la Inmaculada. Sucesivamente, el 12 de septiembre de este mismo año, abandona Turín para asistir a su madre en peligro de muerte. Lleva consigo el escapulario de la Inmaculada Virgen María y, apenas se lo impone, su madre, Doña Brígida, da a luz felizmente a una niña, Catalina, la tercera hermanita del joven salesiano.

El venerable Francisco María Maggio, introductor en la Iglesia de la devoción al escapulario azul de la Inmaculada, escribía en 1664:

Tanto se ha difundido y propagado la devoción de los escapularios que, hoy, son innumerables los hombres y mujeres —príncipes, grandes de España, inquisidores y cardenales de la Santa Iglesia de Roma, religiosos y religiosas de diversas órdenes— que se precian de llevarlos sobre el pecho a guisa de divino talismán contra todos los males del mundo. No faltan, incluso, quienes atribuyen al santo escapulario de la Inmaculada la recuperación de la salud tanto del alma como del cuerpo.

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