Carta del obispo Juan Pedro Carafa a María Ayerbo, duquesa de Térmoli (13 de mayo de 1534)

[Fragmento]

(…)
La carta recibida de V. S. por el portador de la presente [Bernardino Fuscano] de tal modo me ha hecho ver la imagen de sus virtudes y de la gracia de Dios en su alma, que hubiese querido tener alas para cumplir sin dilación el deseo de V. S., convencido de que sus palabras son expresión manifiesta de la voluntad de Dios. Pero, no pudiendo sustraerme a las obligaciones que aquí me retienen, me ha sido preciso diferir hasta el próximo septiembre el resolver en definitiva si o no debo ir a esa, confiando que Nuestro Señor, aplacado por vuestras oraciones y por las de otras personas santas que aquí y en otros lugares ruegan para el mismo fin, sin atender a mis pecados, se dignará escuchar las súplicas de tantas almas buenas y me dará a conocer su voluntad en este asunto, otorgándome su santa gracia para cumplirla fielmente. No ceséis en vuestras oraciones… El Señor nos favorecerá con darnos lo que pedimos u otra cosa mejor, según le plazca.

Sé bien que no me es posible agradecer, como es debido, la benigna hospitalidad otorgada por su señoría a esos pobres de Cristo, confío que en el tremendo juicio oiréis de labios de Aquel que fue por nuestro amor tan inicuamente juzgado: Lo que hicieseis por uno de estos pobres, a mí lo hicisteis, y seréis por él retribuida como no es dable comprender en esta vida miserable…

Por esto no puedo negarme al ruego de vuestra señoría de admitirla a participar de nuestra ruindad y bajeza, recibiéndola por hermana y madre nuestra, y al igual que le he escrito a nuestra señora Longo, consideramos desde hoy más a vuestra señoría en el número de nuestros amigos siervos y siervas de Dios, esperando que Él mismo se haya dignado escribir su nombre en el libro de la vida.

Venecia, a 13 de mayo de 1534
Obedientísimo hermano el obispo de Chieti

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