Carta del obispo Juan Pedro Carafa a monseñor Juan Mateo Giberti, obispo de Verona (31 de marzo de 1533)

Reverendissime Pater: Con la carta de V.S. fechada el 15 desde Verona ha llegado a mis manos el Breve de confirmación de la Compañía… Y conscientes del profundo amor y de la exquisita diligencia con que V.S. se ha interesado por nuestras cosas, como si este solo negocio le hubiese llevado a la Corte, todos nos consideramos vinculados por un lazo indisoluble de afecto y de gratitud al servicio de V.S. Si me dejase ahora llevar ex abundantia cordis diría aquí muchas cosas que ofenderían ciertamente la modestia de V.S., ya que su profunda humildad y la generosidad de su alma le hacen tan inclinado a favorecer a sus amigos como refractario a escuchar que se lo agradecen y aplauden.

Harto sé que en todas las cartas, que de nuestras cosas nos ha escrito, ha puesto especial cuidado en destacar la benevolencia y la actuación de otras personas, como si en ello V.S. no hubiese tenido parte alguna. De tal manera lo atribuye todo a la benignidad de Nuestro Señor –el Papa– y tan reiteradamente nos ha ponderado el interés por todo lo nuestro de Micer Blosio y Micer Barengo, sin escatimar su parte a Lamberti, que, no sólo por la gratitud a ellos debida, mas para dar gusto a V.S. voy a dejarlo de lado, para agradecérselo a las personas a quienes V.S., modestamente, lo atribuye.

Sólo que, ni aún esto pienso me será posible sin la ayuda de V.S. Por lo cual, en nombre propio y en el de todos mis hermanos, humildemente le suplico que, sabiendo cuán poco valemos, no sólo para pagar, pero ni aún para agradecer lo que por nosotros se ha hecho, además de la molestia tan benignamente afrontada para satisfacer nuestros deseos, se digne ahora complacernos expresando a todos ellos nuestra gratitud más sentida. Si alguien se ha maravillado de que V.S. haya puesto tanto amor en cosa tan despreciable como nosotros, por lo menos no le eche en cara el que se haya interesado, y haya procurado y conseguido que otros se interesen por gentes desagradecidas.

Algo sospechaba, a decir verdad, de la intervención de Micer Blosio. De los otros nada sabía hasta que llegó a mis manos la comunicación de V.S. Pero, en cuanto a Micer Blosio, apenas vi los primeros breves, entendí que otra mano amiga andaba oculta en el asunto, y procuré curiosamente y con grande afecto investigar lo que con redoblados avisos me reveló después V.S. con profundo contento de mi alma, viendo cómo Micer Blosio no se desdeña de mirar y favorecer nuestra pequeñez por amor de Jesucristo. Ya que nosotros nada valemos, esperamos y deseamos que sea el mismo Jesucristo quien se digne retribuírselo con multiplicadas mercedes. Y si Dios, en su misericordia, da algún valor a nuestras preces, queda él desde hoy más incluido en el número de nuestros amigos, como su benignidad tiene merecido y el amplísimo testimonio de V.S. bien lo confirma y acredita.

Yo y todos mis buenos hermanos, congregados en el nombre de Cristo, les recordamos muchas veces, y hemos pedido las oraciones de otras almas piadosas consagradas al servicio de Dios, y con toda especialidad se lo hemos escrito a Nápoles, suplicando a nuestra venerada hermana y madre Sor María, que ella, con todas sus hijas espirituales y consiervas del mismo Señor, quieran recordar en sus oraciones además de V.S., a Micer Blosio y Micer Barengo.

Con todos mis hermanos, humildemente me encomiendo a las bendiciones de V.S. quae semper feliz in Domino valeat.

Venetiis, ultimo martii, 1533
D. E. Rdmae. D.
Filius obsequentiss.

Io. Petrus E. Theatinus

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