Carta del obispo Juan Pedro Carafa, episcopus theatinus, a monseñor Juan Mateo Giberti, obispo de Verona (1 de diciembre de 1532)

[Fragmento]

(…)
Desde hace cuatro años nos requieren desde Nápoles ilustres personalidades para que aceptemos el lugar que han edificado para nosotros. Vino desde allí a visitarnos y a echarse en nuestros brazos un clérigo que en él moraba –Severo Tizzone– y desde que está con nosotros no ha cesado de rogarnos, antes con mayor insistencia siguen lloviendo las demandas de personas particulares y de los señores Electos en nombre de la Ciudad, como Su Señoría apreciará por la carta que le acompaño, copia de la que en tal sentido la Ciudad nos ha enviado.

Todo ello causa en nosotros profunda perplejidad, ya que nos parece incorrecto no atender a la devoción y a la estima que nos demuestra una ciudad tan ilustre, y sobre todo ante la duda de que ello implique resistencia a la voluntad del Señor, de la cual puede ser no pequeño indicio tan continuada actitud de quienes así nos desean. Por otra parte somos pocos en número y menos aún en calidad, y nos damos perfecta cuenta de la dificultad de la empresa y de la imposibilidad de responder a la expectación que allí reina y al ventajoso concepto que de nosotros han formado. El tener que dividirnos nos causa profunda extorsión, y no nos hacemos a la idea de tener que vivir separados y a distancia tan enorme. Nos apena solo pensarlo. Se nos pide que vayan dos para examinar el lugar y ver si nos conviene aceptarlo. Pero es claro que en esta hipótesis no bastarían dos ni cuatro para vivir como buenos clérigos.

Por estas y otras razones, viendo el asunto tan difícil y no sabiendo qué decidir, hemos optado por lo que estamos ciertos ser la voluntad de Dios, y es pedir a su Santidad, por medio de V. S., se digne hacernos merced del oráculo de su santa boca, y de pronunciar siquiera una sílaba: sí o no, ve o queda. Y en esto sí que hemos de rogarle, con la más viva insistencia que V. S. nada diga en pro ni en contra del proyecto, sino que se limite a exponerlo y dejar que Cristo, libremente, por medio de su Vicario, manifieste su voluntad.

Nos sería de gran consuelo que Su Santidad, en breves líneas nos indicase su querer. Pero si ello no es posible, dígnese V. S. avisárnoslo particularmente, a la brevedad posible. Voy a explicarme mejor: si el Papa dice que no, basta con que V. S. nos lo indique por carta. Porque en tal caso ya cuidaremos de excusarnos con aquellos señores, sin mencionar para nada al Papa ni a Vuestra Señoría, pretextando la gravedad de la empresa y nuestra incapacidad en la mejor forma que se pueda. Pero si dice que sí, entonces, Monseñor, nos sería muy necesario un Breve del Sumo Pontífice, y ello por muchos conceptos, no sólo por nosotros, sino para los que después han de venir, tanto más si su contenido respirase benevolencia paternal y pontificia, que nos recordase el estilo de sus santos predecesores…

1 de diciembre de 1532.
Tuus in Christo servus obsequens
Juan Pedro, Episcopus Theatinus

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