Archivo mensual: Diciembre 2008

Teatinos en México 30 | Hagamos memoria | Memoria del común de las comunidades religiosas

Memoria del común
de las comunidades religiosas,
de la distinción del quehacer teatino

Lic. Mariana Méndez Gallardo
México, al igual que muchos otros países de Centro y Suramérica, es un mundo de contrastes: rico en recursos naturales, pero clamando por los valores del Reino de Dios; sumido en cultura y diversidad, pero ansiando alcanzar situaciones de más justicia igualdad, solidaridad y paz.

Las estructuras de víctima/victimario, en vez de borrarse en una humanización integradora, escinde la brecha entre las diferencias, entre las desigualdades entre ricos y pobres, infiltrando en los procesos de las vidas de las personas el discurso de nuevos pobres, nuevas formas de marginación que en otras épocas eran impensables.

Ante este panorama desencarnado, los procesos de la Vida Religiosa deberán orientar la realización del hombre con el mundo, del hombre con los otros y del hombre con el Dios que da vida. México necesita de comunidades religiosas que velen por estas necesidades humanas, necesidades comunitarias que no pueden ser solucionadas por la mera experiencia del Dios institucionalizado, externo y ajeno a estas realidades, sino de un Dios que, encarnado, asume la condición y la experiencia del contexto que clama la presencia del Padre Providente.

Así, las comunidades religiosas en nuestra actualidad, se enfrentan al compromiso de encarnarse, de asumir la condición de hombres y mujeres nuevos, de renovarse desde el interior mismo de la vivencia religiosa, sobrepasando el tiempo de la institucionalidad que ha caducado y que ya no da respuesta a este clamor humano.

Las comunidades religiosas latinoamericanas están reflexionando sobre su vida en el contexto de la sociedad contemporánea, y están planificando su renovación a base de esta reflexión. Actualmente, esta reflexión ha centrado la atención en la opción por el pobre y por la mujer y lo femenino, en la opción por los jóvenes y en la nueva ecclesia.

Y es, precisamente en este contexto de comunidad religiosa, donde las “teatinas” encarnan su ser de Iglesia. Donde, en su condición de mujeres, asumen, en el contexto mexicano y latinoamericano, los compromisos concretos que deberían ser guía y motivo de cualquier entusiasmo de comunidad religiosa.

Las comunidades, particularmente las comunidades religiosas mediante este proceso de renovación, se hacen preguntas más profundas respecto a su identidad, su carisma y su espiritualidad ante las realidades duras que se encuentran a diario en esta sociedad, sociedad que en los albores de los 70 dieron lugar al arribo de las Religiosas Teatinas de la Inmaculada Concepción en México.

Desde el 10 de mayo de 1969, cuando llegaron Sor María del Rosario Casarrubios Peláez, delegada de la Madre General, y Sor Purificación Faure Pérez, maestra de novicias a hacerse cargo de un grupo de jóvenes que deseaban pertenecer a la Congregación Teatina, esta comunidad abrió los brazos a la realidad mexicana que se vivía y que en gran medida se sigue viviendo hoy en día.

En aquella época, el Padre Antonio March, C. R. quería fundar una congregación que se llamara “Misioneras Auxiliares Teatinas”, ¿por qué habrían de llamarse “auxiliares” sino porque se necesita la presencia Teatina para dar paso a los valores del Reino?

Para realizar su proyecto, el Padre Antonio había logrado reunir a un grupo de diez jóvenes mujeres con la ayuda del Pbro. Leonardo Celio de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, de la Comunidad de Los Rodríguez, San Miguel Allende, Guanajuato.

Este grupo de jóvenes se congregó en Lindavista, Cuzco 752, bajo la dirección del Padre Antonio por espacio de tres años. Sin embargo, por insistencia de las familias de dichas jóvenes que querían llevárselas de regreso a sus hogares porque no profesaban, el Padre Antonio, decidió, a instancias del P. Jaime Prohens, en ese tiempo Provincial de los Teatinos residente en USA, pedir a la Madre general de las Teatinas, Madre Micaela Montserrat, que la congregación se hiciera cargo del grupo y las formaran como Teatinas, desistiendo así de su intento de fundar una congregación nueva.

Las primeras Religiosas Teatinas Mexicanas, profesaron el 19 de octubre de 1970 en el Templo de San Cayetano. Desde entonces, han encontrado su lugar en la Iglesia y viven entregadas a la oración y el trabajo, colaborando con los PP. Teatinos y con los párrocos de los lugares en donde se establece una Comunidad Religiosa, en la pastoral parroquial en general. Sucesivos grupos han ido profesando, y en la actualidad, hay en la Provincia Americana, “Nuestra Señora de Guadalupe” (nombre oficial desde el 16 de abril de 1984), cuarenta religiosas: tres españolas, dos puertorriqueñas y treinta y cinco mexicanas.

Asimismo, se preparan en el noviciado dos jóvenes que quieren profesar dentro del carisma y espiritualidad de Madre Úrsula, fundadora de esta comunidad religiosa femenina.

La primera casa, Cuzco 752, Colonia Lindavista, D. F., es la sede de la Provincia. Además de ésta, hay seis comunidades más que se han ido constituyendo con el paso de los años: una en la Colonia Roma, Distrito Federal, dos en Puerto Rico, una en Miami, una en Celaya, Guanajuto, y, la última en formarse, se halla en Santiago Acutzilapan, municipio de Atlacomulco, Estado de México.

En cada una de estas comunidades, las religiosas teatinas tratan de hacer realidad la norma de vida de Madre Úrsula Benincasa, que, asumiendo la concreción de su tiempo, quería que sus hijas vivieran ALEGRES, DANDO UN SERVICIO GOZOSO A LA IGLESIA, Y QUE ÉSTE FUERA SÓLO POR AMOR, amor que sólo es real en la necesidad que la Iglesia, en tanto ecclesia, en tanto que asamblea comunitaria aclama en su tiempo.

En tres comunidades, Colonia Roma, D. F., San Juan Puerto Rico y en la de Celaya, Gto., la labor consiste en atender a jóvenes universitarias que emigran de sus lugares de origen en busca de centros de estudios superiores y se hospedan en las Residencias Teatinas destinadas para ese fin, donde son acogidas en un ambiente familiar, y se les brinda, además, la oportunidad de seguirse formando humana y cristianamente.

Otras tres comunidades se dedican a la enseñanza y educación de niños desde edad preescolar hasta que terminan su educación primaria, así como a la labor pastoral parroquial con línea directa en la Evangelización y Catequesis en todos los niveles. Una es la de Mayagüez, Puerto Rico, la segunda se halla en Miami, Florida (Estados Unidos), y la otra, una escuela parroquial en Santiago Acutzilapan, Edo. de México. Por último, está la Comunidad de la Casa Provincial y Noviciado, donde la labor consiste precisamente en formarse, tanto para ser Religiosa Teatina, como para el campo profesional. Además colaboran en la coordinación de la Catequesis parroquial, la administración y parte de la liturgia.

De esta manera, la Religiosa Teatina hace su aportación a la Iglesia, buscando como Comunidad Religiosa, testimoniar el Amor de Dios, gratuito, misericordioso, redentor y quiere mostrar al mundo los frutos de ese amor, los frutos del Espíritu Santo: caridad, alegría, paz, comprensión, gozo… (Gál 5,
22 y ss), en “la búsqueda y anuncio apasionados del Reino de Dios”.

Conscientes de la herencia recibida en el Carisma Teatino y aceptando la invitación que el Congreso Internacional de Vida Consagrada hace a toda la Vida religiosa, quieren “devolver a la Vida Consagrada todo su encanto y decir no a la frustración, la monotonía, la desilusión… a inventar, innovar y avanzar despojadas” de las cargas inútiles y revestidas del Evangelio, sintiendo y actuando el amor.

Teatinos en México 30 | Evangelización y catequesis | El reino de Dios

Baltazar Moreno

Más de una vez hemos escuchado en nuestras celebraciones dominicales estas bellas palabras cantando: “Busca primero el Reino de Dios y su Justicia divina y por añadidura lo demás se te dará… (Mt 6, 33). Estas palabras las asimiló perfectamente San Cayetano de Thiene y, más aún, su vida fue una constante búsqueda del Reino de Dios; y todavía más: supo inculcar esta búsqueda, esta actitud de vida en su congregación teatina al grado de ser uno de los rasgos distintivos de los Clérigos Regulares Teatinos.

Reflexionemos un poco sobre este tema tan querido por los hermanos teatinos. Por principio, el Reino de Dios es ni más ni menos que el Evangelio de Jesús, la Buena Nueva, (esto es lo que significa la palabra ev-angelio). Jesús irrumpe en la historia del hombre y viene con una misión bien concretita: predicar el Reino de Dios, es decir, el amor del Padre. En ningún momento Jesús viene a predicarse él mismo, sino sólo lo que el Padre le ha encomendado. Por tanto, si Jesús viene a predicar el Reino de Dios, el amor de su Padre, no va a hablar de algún territorio político o geográfico en particular, o de algún espacio de tierra en algún continente. No va a hablar tampoco de un puñado de súbditos sujetos a su mandato o autoridad. El Reino de Dios es más bien un reinado, una realeza, una soberanía real; en otras palabras, creo que es una actitud de vida, un estilo y un estado de vida. Pienso que así lo entendió san Cayetano y sus teatinos.

Con la venida de Jesús, llega también una gozosa expectativa: la llegada del Reino de Dios, pero no a la manera de algunos grupos político-sociales del tiempo de Jesús que creían que él venía a cambiar las estructuras políticas y sociales que prevalecían en esos momentos, no. Jesús venía a traer el mensaje del Reino a la manera de los limpios de corazón que recitaban junto con el salmo 96,13:

“ya llega a regir la tierra, regirá el orbe con justicia y a los pueblos con equidad”.

Es decir, que Jesús trae todo un programa de vida en donde se buscará que los hombres y mujeres de la tierra vivan en la justicia y en la equidad o igualdad de condiciones. Pero esto no lo podemos lograr si primero no nos disponemos a recibir ese reino de amor, de justicia y de equidad. El mensaje del Reino viene en la línea de Juan el Bautista, es decir, en la línea de la conversión. Es necesario disponer nuestro corazón, cambiarlo de todo aquello que nos ata a acercarnos al Padre. De esta manera podremos más fácilmente iniciar la búsqueda.

El Reino de Dios es un símbolo utópico (ideal) de esperanza que expresa el deseo de una nueva historia humana y de una nueva realidad en donde hombres y mujeres vivan un estado de gracia y de justicia que solo Dios puede lograr. Dios realiza así el ideal regio de Justicia según las concepciones bíblicas. Porque el verdadero Rey es el que protege a los desvalidos, a los débiles, a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. El reino de Dios es entonces una Buena Nueva para los despreciados por la sociedad, los pecadores según la ley, los más pequeños a los ojos del mundo, para los más sencillos, los que tienen un trabajo despreciable, para los incultos, los ignorantes, los hambrientos, los sedientos, los desnudos y forasteros, los enfermos y encarcelados.

Exigencias del reino de Dios

El Reino de Dios es para todos ellos en primer lugar, como bien lo dice el mismo Jesús en las Bienaventuranzas. Esto también lo podemos ver en la vida que llevó san Cayetano en el gran amor que tuvo por los pobres y él mismo se cuenta entre los más pobres de los pobres.

Al Reino de Dios que se acerca, Jesús corresponde con la esperanza, pero además le sirve con una práctica de amor y de justicia.

Conversión

Como lo mencionamos, es necesario un sincero arrepentimiento del pecado y apartarse de él y aceptar a Dios tal cual es.

Amor

Sin amor nada podemos hacer, estamos vacíos como dice san Pablo.

Seguimiento

El aceptar el Reino nos compromete a seguirlo. En su caso, los discípulos de Jesús aceptaron el Reino y se comprometieron dejando todo por seguir a Jesús. No quiere decir que ya jamás pasaremos penas ni problemas, no. Los mismos apóstoles titubearon muchas veces y renegaron de su suerte, pero al final la fuerza del Espíritu los llevó a dar la vida por ese Reino.

También nosotros estamos llamados para ser discípulos al servicio del Reino de Dios con todas sus exigencias. Es nuestra vocación y servicio como hijos de Dios llevar a todas las partes del mundo esta buena nueva hasta llegar a dar la vida por el Evangelio.

Esto es lo primero y después… todo lo demás se nos dará POR AÑADIDURA.

Teatinos en México 30 | Entrevista | Platicando con Don Salvador Rojas

Platicando con
Don Salvador Rojas

R. P. Héctor Ricardo Ledesma Rubio, C. R.

Hemos recibido en nuestra Casa San Cayetano de Atizapán de Zaragoza, la visita del Sr. Salvador Rojas, querido amigo de la familia teatina. Curiosamente, esta casa le evoca muchos recuerdos, ya que pertenecía anteriormente a su familia…

No cabe duda que todo es providencial, porque en estos días, el Seminario Teatino Mexicano ha vuelto a abrir sus puertas a ocho jóvenes que se están preparando para iniciar el curso escolar. Precisamente de los inicios del Seminario Teatino nos platica el Sr. Salvador Rojas.

Sr. Rojas: Parece que fue ayer, yo no hubiera pensado jamás que iba a llegar a viejo. Recuerdo que era sólo un muchacho de diecisiete años cuando este cerro era nada.

«Era un cerro pelón que no servía para el cultivo, lo único que llegaba a dar era un poco de aguamiel, pero había que esperar entre diez y doce años para que los magueyes dieran fruto…

«Lo que sí me cuentan, es que aquí estaba lleno de encinos, (el encino sirve para sacar carbón). Todo este cerro pertenecía a la Hacienda del Pedregal de Atizapán. Padre, póngase a pensar cómo de una tierra improductiva Dios la ha transformado en una tierra productiva, porque en ella se encuentra el “Instituto Pedregal”, “la casa de retiros San Cayetano” y por supuesto, el “Seminario Teatino”, semillero de vocaciones religiosas y sacerdotales. Precisamente en este lugar un día el P. Jesuita Garcidueñas, que vivió parte de sus últimos días con nosotros, cuyo proceso de beatificación ya está en Roma, le dijo a mi papá:

“llévame a la parte más alta de la hacienda para bendecirla, porque ese sitio será dedicado a Dios y a la extensión de su Reino”.

¡Qué razón tenía este santo sacerdote!»

Don Salvador, ¿por qué no nos cuenta cómo fue que en este terreno se hizo el Seminario Teatino?

Sr. Rojas: ¡Ah, ésa es una historia Providencia!, yo la llamo la historia de la confianza. Fue así: Vivíamos en la colonia Lindavista, mi padre murió repentinamente, y mi mamá, que era una mujer llena de fe, fue a buscar a un sacerdote, pero no encontró ninguno. Sin embargo, una señora le dijo a mi mamá que no se preocupara, que ella sabía que había llegado un sacerdote español al rancho de los Pirineos en Lindavista.

«Curiosamente mi madre conocía a la Sra. Victoria Olazábal de Oyamburu, dueños de la hacienda. ¡Lo que son los caminos de Dios! Porque ahí se encontraba el P. Andrés Burguera, C. R.

«El P. Andrés atendió el funeral y no se despegó en ningún momento de la casa; a partir de ahí nació una gran amistad entre mi mamá, la familia con el P. Andrés y, por ende, con los Teatinos. También de esa amistad surgió una gran devoción de la familia Rojas a san Cayetano, y aprendimos todos a confiar en la Providencia. Debo decir que la labor incansable del P. Andrés Burguera hizo que no solamente nosotros, sino otras muchas familias se abandonaran en las manos de Dios Padre providente.»

¡Qué interesante!, y luego, ¿qué pasó?

Sr. Rojas: «Piense usted, mi madre era una señora viuda, no muy hábil en los negocios, con algunas deudas por cubrir. De repente, gracias a la intercesión del santo, ella comienza a sacar adelante a su familia y los negocios prosperan, todo comienza a ir mejor, entonces mi madre se vuelve tan devota, que lo nombramos “Glorioso san Cayetano, Padre de Providencia y tesorero de la familia Rojas”.

«Por eso, un día mi madre, Mª Teresa, llegó con el P. Andrés y le dijo: “Padre, estoy en deuda con san Cayetano. El proyecto del que usted siempre ha platicado de querer hacer un seminario será una realidad. Yo quiero donarle un terreno en Atizapán de Zaragoza en la hacienda de nosotros, escoja el terreno donde usted quiera”…

«No le fijó ninguna cantidad de medida, lo que él necesitara para hacer su seminario. El P. Andrés le dio las gracias por la donación, pero no le hizo mucho caso debido a la gran distancia que había entre Lindavista y Atizapán, ya que los caminos eran de pura terracería.»

Perdón que le interrumpa, pero estoy asombrado por lo que acaba usted de decir. Es la primera vez que escucho esto: el P. Andrés no le dio mucha importancia a la donación, y entonces ¿cómo fue que finalmente aceptó el regalo?

Sr. Rojas: En una plática con mi mamá, le dijo que él quería hacer el seminario cerca de la Iglesia de San Cayetano que apenas iba a construir. El padre, sin hacer a un lado a los pobres, siempre conoció gente con recursos económicos. Normalmente eran personas que también habían recibido favores por intercesión de san Cayetano. Así entenderá usted porque un día llegó el P. Andrés sin aviso, con unas tres o cuatro personas a ver a mi mamá y le dijo:

“A ver, Turca, -así le decía a su gente de confianza-, llévanos a ver dónde voy a hacer el seminario”.

Y así fue que llegamos a esta parte de arriba, la misma que había bendecido el P. Garcidueñas. Los amigos del padre le dijeron que ahí estaba muy bien para hacer su proyecto, pero el padre objetó:

“ y ¿cómo vamos a subir hasta aquí?

A lo que sus amigos le dijeron:

“Eso déjelo en nuestras manos, nosotros le haremos la carretera y ahora vamos a medir”.

Inmediatamente se empezó la obra y se inició el proyecto bajo una sociedad llamada “Unión y Triunfo”. Se empezaron a hacer las primeras naves. Aquí donde están las oficinas de la escuela se hizo el comedor, y los así llamados “100 metros”, hasta que el P. Blas Bonet, C. R. hizo los edificios actuales del seminario. Y cuando el número de seminaristas disminuyó, el mismo P. Andrés comenzó la construcción de la escuela que continuó el P. Blas y a la que siguió la fundación del Instituto “el Pedregal”. Y fue bajo la dirección del entonces hermano José Luis Gordo, C. R. cuando adquirió su fisonomía actual.

Caray, Don Salvador, nos ha hecho pasar un momento en el
“túnel del tiempo”, y al saborear los orígenes de esta casa, sólo podemos
agradecerle a Dios porque existen personas tan generosas como ustedes. Mil
gracias por su visita a este lugar Teatino tan lleno de Providencia, ¡Dios lo
bendiga siempre!

Y a ustedes también, queridos lectores.

Teatinos en México 30 | Editorial

El Señor de la Vida permanezca con todos ustedes, queridos lectores.

Después del regalo de la espiritualidad teatina, presente en la Iglesia por
gracia de Dios desde hace 481 años, preguntamos si todavía es vigente para
nuestra realidad actual de nuestro mundo globalizado, y específicamente, en los
lugares donde nos hacemos presentes, teatinos y teatinas.

Desde esa perspectiva, hemos realizado este trabajo de reflexión para nuestras
vidas como Familia Teatina. Esta espiritualidad surgió en un momento de crisis
para dar respuesta a la llamada constante que nos hace Dios para vivir en
fidelidad al Evangelio. Hoy, no podemos perder de vista ningún momento para
revisar y actualizar el mensaje evangélico, nuestro ser profetas, nuestro ser de
Dios, encarnándonos como lo hizo nuestro Señor Jesucristo y haciendo presente al
Dios que nos ha revelado Jesucristo, un Dios de amor y de misericordia.

Nuestra formación como cristianos y como teatinos debe ser comprometida y debe
ser encausada a encarnar esta espiritualidad en nuestra misma Iglesia, con
nuestro pueblo, el pueblo de Dios.

Esperamos que sean unas ideas de reflexión para todos los artículos contenidos
en este número y ojalá trabajemos como verdadera familia para seguir en
fraternidad haciendo presente el Reino de Dios, confiamos en su Providencia,
pero con una esperanza activa para responder positivamente a la misión que Él
nos ha encomendado.

Contagiémonos de esperanza y de alegría en el Señor.